Ganadora del Oscar este año como mejor película extranjera, mejor sonido, tres premios BAFTA como mejor película británica, mejor película de habla no inglesa y mejor sonido; este drama histórico de Jonathan Glazer moviliza y genera varias interrogantes.
Una genialidad del cine.
Con un poderoso lenguaje cinematográfico donde la imagen se impone a la palabra, durante sus 105 minutos atrapa vigorosamente con asombro al ser testigo ante la pantalla de la ambivalencia humana.
Lo penetrante es el ambiente de indiferencia ante el horror y el dolor.
La vida transcurre en sutil sosiego y satisfacción por el puesto logrado de la familia aunque éste sea a costa de organizar el envío de judíos a los hornos crematorios de Auschwitz.
El humo de los trenes sin conocer qué trasladan, pero imaginable, se eleva a los cielos detrás de los muros de la vivienda de la familia de Rudolf Hoss, responsable de los crematorios (Christian Friedel) quién con su esposa Hedwig (Sandra Huller), tan dura en su profundidad aunque afectuosa en la apariencia, construyen una vida "de ensueño". Su principal dedicación es la jardinería del cual se siente orgullosa.
Impresionante.
La indiferencia del hombre o mujer ante el prójimo, el dolor, el sufrimiento humano; la ambición de lograr los objetivos familiares aunque éstos sean inmorales afloran claramente en cada secuencia. El orden, la pulcritud externa es sobrecogedora en contraste con la impureza interna de sus protagonistas.
Si acaso hubiera, no deja ninguna duda la escena de un plenario de la cúpula militar nazi para realizar un organigrama de traslado de judíos húngaros a los crematorios. Todo se calcula; número, capacidad de los trenes, personal y selección del destino de los detenidos. De todas las edades; como ya es conocido.
Horror!
Sí; como lo que el mundo atestigua ahora mismo.
Cabe la pregunta ¿cómo es que estos individuos execrables llegan a dirigir una nación?
Por más lectura histórica, sociológica, filosófica desde los comienzos de los tiempos, es difícil comprender.
La displicencia y apatía ante el sufrimiento en el entorno constituye el eje temático subliminal del filme.
¿Cómo es que el ser humano puede convertirse en el peor enemigo de su propia especie? ¿Por qué tanta maldad?
He aquí la pregunta que aflora después de ver esta realización de Jonathan Glazer (Director y guionista británico-judío).
Me interesa compartir algunas opiniones de académicos y docentes uruguayos (Miguel Pastorino y Carina Silva; Bioética y Filosofía respectivamente) entrevistados en el Programa Periodístico "En Perspectiva" la semana pasada.
Resulta inevitable no acudir a Hannah Arendt y a su obra "La banalidad del mal".
Según Hannah Arendt no son psicópatas sino que entienden que deben cumplir las órdenes y los cometidos para los que trabajan. Ejemplo: Las declaraciones de Adolf Eichman quién fuera responsable de la logística de la organización y distribución de los campos de concentración en su juicio en Jerusalén en 1961.("Eichman en Jerusalen; ensayo de Hannah Arendt en el que se plantea "¿Por qué no parecía malvado?")
"Ella quiere entender y acude a la Filosofía como una herramienta de comprensión" (Carina Silva refiriéndose a Hanna Arendt)
- Para Arendt "La banalidad del mal" es un concepto que está estrechamente vinculado a la condición humana.
El hombre tiene tres actividades fundamentales: la labor, el trabajo y la acción, explica Carina Silva.
- La labor nos permite sobrevivir como seres naturales.
- El trabajo nos permite condicionar nuestro entorno en nuestro beneficio.
- acción es lo que nos permite actuar en un espacio común donde me encuentro con el otro. Y esto es muy importante.
"Yo soy lo que hago". "Soy el resultado de mis acciones". Esta concepción se origina en el pensamiento de Martin Heidegger, (Filósofo alemán) inspirador de Arendt.
"Siguiendo las reglas y trabajando duro" ("Zona de interés", sic; )
Aquí nos debemos detener en la importancia del pensamiento crítico. No hacer porque se lo ordenan, sino pensar qué se hace, sus consecuencias y valores.
"Las leyes y todas las instituciones duraderas se arruinan no sólo por la embestida de la maldad elemental sino también por el impacto de la inocencia absoluta" (H. Arentdt)
La Filósofa (aunque ella más que filósofa que no se reconoce como tal, es una teórica política) no considera a la banalidad del mal como calificativo sino como una construcción en la que el poder totalitario conforma sujetos incapaces de pensar, actuando bajo las reglas del sistema sin reflexionar sobre sus actos.
Así lo evidencia magistralmente "Zona de interés", elevando el clima con el sonido permanente del horror el que nos detiene hasta la respiración.
Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Cómo hay personas que cometen actos malvados y tienen apariencia normal ? Es la interrogante que se planteó Hanna Harendt. Para ella quiénes actúan así consideran que "cumplen órdenes". A partir de este principio es que Arendt define "la banalidad del mal"; como podemos interpretar en el mismo filme.
No me estoy deteniendo en el pasado. Esto es presente.
Es Ucrania, Gaza, Israel, Yemen, Siria, Afganistán, El Congo, Haití, México, etc.
Salta como máxima: Pensar antes de actuar.
Educar con pensamiento crítico; tan importante como generar conocimiento.
¿Por qué ver una película dura?; porque no hay que mirar para el costado ni negar la realidad. Porque el arte es una manifestación de la acción del Hombre.
"Zona de interés" es movilizadora, conmovedora; todo lo contrario a lo que experimentan sus protagonistas.
Importa verla porque es una obra maestra del cine merecedora de los premios recibidos.
"Audaz y brillante"
The Thelegraph
https://www.youtube.com/watch?v=qmxFrv9XBQY&t=11s
g,b
DD.RR




















